Naturalidad

De vez en cuando leo comentarios, noticias, opiniones, y un largo etcétera, respecto al tema de “los que corren ultras están locos”, “eso es antinatural”, “eso no puede ser bueno”.

 

Y me es imposible pararme a pensar y decir “¿Cuánto hace desde que el hombre sólo se servía de sus pies como único medio de transporte?” Según la wikipedia, (no sé como cuanto de riguroso es este dato) la rueda apareció hace casi 6000 años. Según la wikipedia, la aparición de la domesticación del caballo ronda también esa fecha. Pongamos así a ojo, que hace 8000 años no había mas cojon*s que echar a andar para ir a algún sitio. Indagando más, y leyendo así por encima, el fin del nomadismo data sobre hace unos 15000 años (no estoy muy seguro, lo he leído regular). Anterior a esto, los pueblos se dedicaban al trapicheo, a moverse, a andar, aquí, allá, lo que se conoce como nomadismo.

 

Con lo que he escrito anteriormente quiero llegar a que hasta hace poco (evolutivamente hablando) el ser humano se movía. No sé si corría o no, pero si nos remontamos hasta mas atrás, me juego lo que queráis a que el ser humano tenía que correr, y me juego lo que queráis a que lo hacía descalzo. Y fijo que recorría largas distancias, muy largas, para sobrevivir, para buscar Pokemon, para echar pachangas al fútbol en el campo de Oliver y benji o para perseguir animales. De hecho si miramos en las Barrancas del Cobre y nos fijamos detenidamente, hay una panda de flipaos que corren con planchas de goma que no son ni mas ni menos que ruedas cortadas y aplanadas.

 

Soy de los que se niega a pensar que esa mierda de correr 100 km es malo. ¿Por qué pienso esta tremenda locura y gilipollez? Pues me baso en el estado que evoca en mí el hecho de correr: esa sensación de llevar horas corriendo y de llevar en la cabeza una única cosa, seguir adelante. Esa sensación no es ni mas ni menos que la sensación de luchar por la “supervivencia”. Cuando cumples tu objetivo en la cabeza aparece una sensación de satisfacción, de alivio, de descanso, de plenitud, y de “joder, estoy hecho mierda, pero repetiría”. Y ese “repetiría” es el que me escama. Estoy 100% convencido de que es un jodido acto reflejo de lo que hacían nuestros antepasados, de lo que aún conservamos.Al igual que (este es otro tema espinoso) el minimalismo. Me parece el mas puro reflejo natural del hombre, la mas perfecta conexión entre la tierra y el/la hombre/mujer, y eso que yo de minimalismo no tengo ni puta idea pero me da muchísima envidia la gente que lo practica y lo domina. Lo mas cercano al minimalismo que he estado ha sido con unas zapatillas de transición y si, cuando te clavas una piedra duele que te cagas, pero notas el terreno, notas ese tacto, es como acariciar la senda/piedra/tierra.

 

Y bueno, con esto cierro este texto, que me hacía ilusión escribir, que llevaba casi dos años sin escribir nada, y creo que es un buen momento.

Desafío Lurbel 65k Calar del Río Mundo, Riópar

Hoy si toca, la entrada de mi primer ultratrail, o ultra maratón, o ultra maratón de montaña, es que no sé cual es el nombre técnico realmente, así que cualquiera de los anteriores supongo que es válido.  Así que vamos a meternos en materia.

Esta carrera no me acuerdo muy bien cuando le eché el ojo, (creo que por otoño de 2014 mas o menos) pero se lo tenía echado, así que cuando se abrieron las inscripciones no me lo pensé dos veces. Se abrieron 3 distancias: 25 km, 45 km y 65 km. Los 25 no me llamaban, porque ya había hecho cosas parecidas. El dilema estaba entre los 65 y los 45, aunque la duda me duró poco. Me vino a la cabeza eso de o fo**amos todos o la prostituta al río, que venía siendo, o hago la larga y me muero allí, o no hago nada. Aplicando esta sabia filosofía fui a por la de 65 kilómetros. Pensaba que se iban a acabar pronto, así que me inscribí en plan ansia, a los 20 minutos de la apertura (esto eran las 8:30 de la mañana el 12 de Enero, mas o menos).

La inscripción tuvo cachondeo. Estoy en la cama, empiezo a hacer la inscripción desde el móvil, y a la hora de pagar con la tarjeta, me mandan un sms con código de confirmación. Pues, unos días antes, estuve trasteando con el móvil, y claro, los sms no los usa nadie. Pues hasta que no me llegó este sms, no me di cuenta que la aplicación de Mensajes no se abría. Bien Juanma, ole tus cojones.  Me bajo una aplicación que hacía algo parecido, y se soluciona el problema. A fin de cuentas, todas estas prisas no valieron para nada, porque las inscripciones duraron algo así como un mes, mas o menos.

Tras unos meses de preparación a mi manera, combinando bici esporádicamente, piscina , salidas casi nocturnas porque se me hacía de noche siempre y con Marzo flojísimo, con un par de amagos de lesión, llega Semana Santa. Dos salidas, una playera, y otra fotográfica por Serra Gelada (o Sierra Helada) cerraban el entrenamiento. Todo este tema de la preparación luego lo extenderé mas en otro artículo, para el que tenga curiosidad en como lo hice, pero vamos, el principal lastre para completar una prueba así es el apartado mental.

Llega el fin de semana de la carrera, 10 de Abril. Fin de semana de relax, de hibernación y de escuchar consejos de gente entendida en esto. El principal consejo que seguí fue el de mi abuelo adoptivo tráiler Quique, que seguro que leerá esto. Me dijo “llena los depósitos con todo lo que tengas, con todo lo que te encuentres”. Y le hice caso. Solo comía y dormía. De todas formas era esa noche, la madrugada del viernes al sábado la única noche que iba a dormir. Esa noche dormí entorno a unas 10 horas, y el sábado la correspondiente siesta del oso de unas 2 horas más. Y cuando me di cuenta, estaba de preparativos. ¿Qué me llevo? ¿Qué necesito? ¿Qué me hace falta? Tenía un listado de material obligatorio, y mas o menos estaba echando cuentas, a ver que iba a llevar. Prácticamente era ya la una de la mañana, y la salida era a las 5. Desde mi pueblo a Riópar había entorno a unos 40-50 minutos, así que adivinad lo que dormí.

De camino ya, ya estaba en el coche con todo lo que me hacía falta, menos el reloj. Me dejé el puto reloj. Pero bueno, era prescindible. Iba en el coche, de coñas, cachondeo, con mi cuñado y mi hermana. Mi cuñado, el cabr*n no paraba de decirme “A ver que necesidad tienes de penar de esta forma”, yo me lo tomaba a cachondeo pero llevaba razón. Pero alguna parte de mi cabeza me decía (y me dice que necesito esto) que tenía que hacer esto, y como fuese.

Llegamos allí a las 4:30 de la mañana, sin sueño,  porque claro, ¿Cómo iba a tener sueño? Iba a empezar uno de los retos mas duros de mi vida, y si lo afrontas con sueño, no te vas a enterar muy bien de lo que estás haciendo.  Me coloco en la salida, y paso el “control” de material que consistió en una pregunta “¿Llevas la comida marcada con tu número de dorsal?”, palante. Ya estamos en la salida, 5 de la mañana, noche pero del tó.

Y aquí empieza la aventura. En la salida me sorprendió un montón ver de lo que son capaces los focos frontales caros. A mí me daba hasta vergüenza llevar el mío encendido, uno del Decathlon de 12 euros, porque los otros frontales alumbraban algo así como 70 veces mas que el mío y casi ni me hacía falta llevar el mío encendido.  Es una sensación muy extraña correr en noche cerrada porque no tienes ni idea de hacia donde vas, ni al lado de qué pasas (perfectamente puedes ir por una senda al lado de un precipicio de 7000 metros y tan tranquilo) pero bueno, te limitabas a seguir al grupo, y ya está. Después de una subida dura pero cómoda y una bajada muy corrible, sin grandes complicaciones, llego al primer avituallamiento con un mensaje no muy alentador de uno de los que estaba en el puesto. Alguien preguntó que como íbamos, que si éramos los últimos y este contestó “los últimos no pero casi”. No es que me preocupase ir último, pero viendo la gente que iba detrás de mí, no me cuadraba para nada ir de los últimos. Bueno, ignoré el dato y tiré para delante.

Entorno al kilómetro 14-15 en la zona del Puerto del Arenal, no me perdí por pura coña. Me acoplé con otro, íbamos al mismo ritmo por un camino asfaltado, y nos saltamos una senda hacia la izquierda. Venían otros por detrás y empezaron a decirnos “EHHHH QUE POR AHÍ NO ES”, y gracias, porque a saber donde hubiésemos acabado. Empieza la ascensión al Padroncillo y por fin, se empieza a abrir el día. Recuerdo un chiste que hizo uno sobre el frontal, que fue algo así como “voy a apagarlo ya para ahorrar pilas, por si se nos hace de noche otra vez”, no me preguntéis por qué pero me hizo gracia. Bueno, llegamos al Padroncillo con unas condiciones climáticas mejorables, por no decir que hacía un tiempo de mierda. Niebla (lo que conlleva agua) y aire. Al final adjuntaré una foto de mi situación en dicho punto. Subida mas o menos jodida, pero bueno, no era nada con la bajada que nos esperaba. Aquello era para cabras totalmente. Las piedras resbalaban, y había que asegurarse que cada paso era un paso seguro, o te dabas una buena hostia, y esas piedras no tenían pinta de estar blandas. La niebla nos ayudó a perdernos. Pero no a 2 ni a 3, sino a unos 40-50. Fue graciosa la situación, no encontrábamos las balizas, y allí estábamos, hasta que uno nos iluminó el camino con el track de la carrera. Una vez reubicados, seguimos bajando.

Llegada al segundo avituallamiento, campamento de San Juan, kilómetro 22. Me lo tomo con calma y como y bebo todo lo que puedo: frutas, refresco, agua, isotónica… Y empiezan las dudas. Las piernas se resienten levemente, y en la cabeza empieza a dar vueltas una pregunta “pero si estoy hecho mierda ya, y voy por el kilómetro 22, como voy a llegar al 65…” y son curiosamente, estas cosas las que te matan. Por encima de los kilómetros y los desniveles,  nosotros mismos somos lo mas nocivo, lo mas dañino para el cuerpo y la mente, y lo que nos puede hacer desplomarnos. Reemprendí la marcha apartando de mi cabeza esas palabras, y me volví a entretener en avanzar. Avanzar. Avanzar. Y esa era la clave.

Empieza la subida a la Sarga. Su pu*a madre. Eran 3 picos en 1, por así decirlo. Llegando al segundo, se veía a lo lejos el tercero, el grande, la cima. Y recuerdo perfectamente ir hablando con uno mientras bajábamos el segundo “allí no habrá que subir, ¿no? Yo creo que no eh, aquí en el perfil…” y una mierda. Había que subir. Pues nada, paciencia y a seguir subiendo. Subimos, y llegando al último pico, aquello era una auténtica pared. Preciosa, impresionante, y dura. Unas vistas impresionantes. Se llega arriba, y hay una bajada y otra subida, porque es un pico doble.  Llegando aquí, el viento era impresionante, estando a 1760 metros sobre el nivel del mar soplaba con ganas.

Y aquí fue donde se empezó a aclarar todo. En la cima estaba en el kilómetro 33. Y había una bajada muy “fácil” y muy corrible. Me paré a mirar el perfil de altimetría, y veía que ahora venía una zona muy muy favorable, con bajada por pistas, muy suave. Pasamos por una zona preciosa, con una especie de piedras gigantes, que tendrán su nombre técnico, pero a mi solo se me ocurre llamarlas “piedras gigantes”. Y después de esto llegada al avituallamiento del kilómetro 36, mas o menos. Se sigue bajando por terreno muy favorable, hasta que se empieza la subida a Riópar Viejo, con un ambientazo impresionante. Avituallamiento a reponer fuerzas. Me jodió, y tengo que decirlo, que no hubiera vasos en este puesto, porque fue una putada, pero bueno.

Esto ya era el kilómetro 47, y nos quedaba la crema, la canela, lo mejorsito: la subida a las Almenaras. El planteamiento en mi cabeza cambió radicalmente. Ya lo veía hecho, aunque me quedasen casi 20 kilómetros con casi 1000 metros de subida, pero mi cabeza lo veía bien, favorable. Empieza la subida, a buen ritmo, un pie y luego otro, pero levantaba la cabeza y aquello no parecía parar de subir. Solo se veían mas subidas, mas metros, mas desnivel. Esta vez eran, otra vez, dos minipicos y el pico alfa, LA ALMENARA. Lo pongo en mayúsculas para darle majestuosidad, y porque me costó subir la puñetera vida.

Llegando al primer pico, después de subir nosécuantos metros, me dio un amago de pájara. Un sofoco preparto y un calor anormal, así que una miniparada a tomar aire: un par de tragos de Aquarius y una barrita de cereales Hacendado fueron mi salvación. Aquí fue donde mi paciencia se empezaba a acabar. Un viento de la hostia, y un terreno jodidísimo, prácticamente para ir andando. Y avanzaba, y llegaba al siguiente pico, y miraba, y a lo lejos veía al siguiente pico, y creía que no llegaba. Por fin, llegada a la Almenara. Las vistas impresionantes y sentimiento de Simba en su bautizo. Aquello era impresionante, la pena es que no me apetecía en ese momento admirar el paisaje, a pesar de ser consciente de que aquello era impresionante, pero tenía que seguir, así que me paré a echar una foto y continué con expectativas de volver.

Y llegada al último avituallamiento. Por fín esto parecía que se acababa. En el avituallamiento nos comentaron que estábamos a 9 kilómetros. Misma táctica: comer todo lo posible y beber muchísimo. Y volvemos a arrancar. No era consciente de lo que estaba haciendo, ahora era todo bajada hasta la meta, terreno muy favorable. Después de 20-30 minutos corriendo, según mis cuentas deberían de quedar unos 4-5 kilómetros. La dura realidad era otra cuando vi a mi hermana en una senda, esperándome. La verdad es que fue una viñeta graciosísima. Yo diciéndole, “Oye Isa, cuanto queda, que llevo ya 30 minutos corriendo y yo aquí no veo el pueblo ni de coña”. La respuesta me dejó tieso, “7 kilómetros” mientras me perseguía con el móvil en la mano. Yo iba diciendo “no me jodas hombre, ¿¿7?? ¿¿EN SERIO??” y veo el cartel que lo confirmaba. Dejo a mi hermana atrás, y llego a una carretera donde estaba mi cuñado en el coche, y me pregunta “¿Qué tal?” la respuesta fue algo así como “esto no se acaba macho, que yo pensaba que estaba llegando y quedan 7 kilómetros”. El cansancio ya era lo de menos, yo quería llegar. Continuo, y veo una subida, pequeña, pero ahí estaba, y claro, no aparecía en el perfil de altimetría. Había un chaval allí animando, y echando fotos y le dije “oye, que esto no sale en el perfil” entre risas, a lo que me dijo “esto no es ná, es la tachuela, que os la han puesto aquí” e iba a contestarle pero ya se contestaba solo “pero claro, tú vas diciendo ya que bastante has subido, ¿no?”, me reí y le dije algo así como “pues ya ves, yo creo que ya está bien la broma” riéndome. Realmente cualquier pequeño repecho era criminal, era como subir una montaña, y las piernas ya estaban en las últimas. Creo que no había ninguna parte del cuerpo que no me doliese.

Y finalmente ya se veía el pueblo. Era extraño que pudiese trotar, pero era imposible entrar andando con toda esa gente andando, alentando, escuchando aplausos, gritos, “tus huevos campeón”. La verdad es que se me ponen los pelos como escarpias de recordar aquella entrada a meta. Fue impresionante, y la verdad es que en el momento no quería saber nada de volver a correr, pero unos días después tenía ganas de volver a repetir.  El tiempo fue lo de menos, casi 12 horas en las que lo principal fue avanzar y avanzar. Daba igual si era a cuatro patas en una subida imposible, a trote suave, andando, o bajando. El problema es que mi cabeza ya está planeando otro reto, algo un poquito mas largo. Ni que decir tiene, que todos y cada uno de aquellos que estaban animando en mitad de ningún sitio o en la misma meta, fueron imprescindibles. Gente en mitad del monte, o en una plaza alentando a desconocidos a terminar una locura.

Sé que es un artículo larguísimo, pero es muy difícil recoger tanto tiempo corriendo y tantas sensaciones en algo mas manejable, así que perdonad que me haya extendido tanto.

Aquí dejo unas fotos del tema.

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Aquí está el perfil de la carrera.

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Paso por el Padroncillo, vistas espectaculares.

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Las impresionantes vistas desde la Almenara.

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Foto echada por mi cuñado en la que se capta perfectamente la esencia del cabreo que llevaba porque no llegaba.

Llegada a meta, con un cúmulo de sensaciones.

Llegada a meta, con un cúmulo de sensaciones.

Apoyo

Después de la paliza de la Lurbel en Riópar hace apenas 5 días, y ya mas o menos recuperado, me apetecía escribir algo, pero todavía estoy asentando ideas respecto a la carrera asi que prefiero esperar. Hoy quiero hablar de otra cosa, que me parece mas importante, dado que sin ella, los runneres/locosquecorremos/putosenfermos no seríamos una mierda: El apoyo.

Además, a mi me parece que damos la impresión de ser unos chulos prepotentes ególatras que solo nos importamos a nosotros mismos, y que solo nos gusta subir nuestras fotitos, y fardar de nuestros tiempos. Como se suele decir, habrá de todo, pero todo esto del postureo lo hacemos para que la gente sepa a lo que nos dedicamos y tengamos esa dosis de reconocimiento externo de nuestras odiseas. Pero si analizamos la situación, no seríamos nadie si no fuera por esas personas que nos esperan en la meta, esas personas que nos animan en cada subida, esas personas que te gritan y te dicen “vamos que esta es la última subida” aunque sea mentira, a esos niños que te chocan la mano, a esas personas que te vitorean en meta sin siquiera conocerte, pero no les hace falta, a todos aquellos que sin necesidad ninguna, se ponen un peto que pone “organización” y se ponen a pasar calamidades en lugar de estar en su sofá, a esa gente que sin necesidad alguna, se pone a hacer bocadillos para un puesto de avituallamiento, o se ponen a servir agua o refrescos o isotónicas, y sin siquiera tener tiempo para verles las caras a los que llegan, comen y se van, a veces sin dar las gracias ya sea por falta de educación o de aliento, a esos que balizan una carrera dos días antes, y el día de la salida se levantan a las mil para comprobar que el circuito está bien y que no hay ningún problema.

Son innumerables las labores que desempeña el voluntariado y no reciben nada a cambio, así que qué menos que escribir estas palabras en señal de eterna gratitud, y para recordarles que aunque no lo expresemos, vuestro apoyo es vital para que nosotros podamos seguir avanzando.

Y bueno, yendo a mis vivencias personales, que menos que transplantar este artículo a mi vida, y agradecerle eternamente a mi hermana, mi manager, mi fan número uno, mi ángel de la guarda incansable, viajando a las tantas de la madrugada, echando fotos, persiguiéndome en sendas, llevándome a pueblos donde cristo dio las tres voces, metiéndose palizas de cientos de kilómetros para verme exhausto cruzar la meta, haciendo lo posible y cuadrando su vida para que yo pueda correr. Muchísimas gracias.

P.D: Respecto a la crónica del Ultra Trail de la Lurbel, espero que para la semana que viene sea capaz de condensar toda la información que tengo en la cabeza, porque son muchas horas a contar en muy poquito tiempo, que sé que los tochos largos se hacen pesados de cojones a la hora de leerlos.

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Aquí una fotillo a las 4:30 de la mañana con mi hermanita en Riópar, con dos-tres horitas de sueño.

El reto.

Hacía mucho que no escribía nada. He estado super ocupado haciendo como que hacía cosas, pero he pensado que ahora era el momento oportuno, aprovechando el acojone previo a un reto que me propuse a principios de año. La verdad es que fue un auto “no hay huevos”. El reto en cuestión era un ultra trail,(se le llama ultra a toda distancia que supere los 45-50 km) en Riópar. Desafío Lurbel Calar del Mundo, era el nombre oficial de la broma. Total que el 12 de Enero, 65 kilómetros con 3800 metros de desnivel positivo no me parecían tan locura, y me inscribí.

Pues bien, ahora mismo es 8 de abril, y el sábado por la noche recojo el dorsal, y a las 5 de la mañana es la salida de la carrera. Y tengo en la pared de la habitación el perfil de altimetría, y esto tiene muchas cuestas. Y muchos kilómetros. Y me acabo de enterar que hay zonas aseguradas con una cuerda, “zonas aéreas” las llaman. Sus muertos a caballo.

En el fondo tengo ganas de que llegue el día, bueno, la madrugada, y a ver que pasa, pero por otro, la incertidumbre, el “¿como estaré en el kilómetro 7?” “¿Y en el 48?” son preguntas que me saturan, y que el hecho de no saber la respuesta me inquieta, la verdad.

Y para mas carga, tenemos tiempos de cierre en determinados puntos de control. Esta mierda es como los videojuegos aquellos en los que la pantalla va avanzando y, o avanzas, o la pantalla te come. Pues mi reto consiste en eso, en ser mas rápido que la pantalla sin morir en el intento.

Me pregunto si presentando un justificante médico de una lesión me devolverán el dinero. Algo en plan “soy miope y vi de lejos la información y el perfil de altimetría mientras mi secretaria me hacía la inscripción”. A lo mejor me ahorro un disgusto y me devuelven una parte o algo.

Fuera de cachondeos y chistes de retiradas, espero que acabe como acabe, sea una de las mejores experiencias de mi vida, el hecho de vivir la pseudosuficiencia, de recorrer una distancia así de bestia, pasando por sitios bestiales… La verdad es que una retirada en una prueba así, sería una hostia, pero no sería la hostia mas dolorosa. Y luego encima nos dan el aliciente de 2 puntos para la UTMB. Que esa es otra, que aparezca “UTMB” en tu cabeza no puede ser nada bueno. Para los que no sabéis de lo que hablo, la UTMB es el Ultra Trail du Mont Blanc (creo que lo he escrito bien, tampoco estoy muy seguro) es una eminencia entre las carreras de los putos inestables mentales que se dedican a esto de coger una mochila, meter 3 tonterías y ponerse a hacer kilómetros. La eminencia consiste en 83487634 km y 238974 metros de desnivel positivo, a ojo, y para poder inscribirte tienes que sumar 9 puntos, y luego tener suerte y que te cojan. Pero bueno, eso queda lejos, es harina de otro costal.

Dicho esto, me voy a dormir, y a soñar con cabras montesas, besetes.

I Segura Trail en Elche de la Sierra

Aquí va la crónica de la carrera que se disputó (joder que técnico queda) el domingo 08/03/2015 en Elche de la Sierra, que formaba parte de una competición de Desafíos en Sierra de Segura, o algo así, no estoy muy seguro. Lo siento, no puedo memorizar tantos nombres, y al final me hago la picha un lío y a lo mejor me he inventado algo, pero creo que eran así.
Bueno, la cosa fue de la siguiente forma. La semana anterior, en una ruta/carrera/quedada que organizó mi club, el Quinto Aliento de Ciudad Real, (muy guapa, en el entorno del embalse del Vicario, a unos 10 km de Ciudad Real) me tuve que retirar por gilipollas, por arrastrar unas molestias en uno de los dos cuádriceps (porque tengo dos jijiji). Total, que toda la semana de reposo, hasta que llegué el viernes a mi pueblo, me probé, salí por allí, subí, bajé, crucé el pueblo, provoqué algún “pero donde coño va el gilipollas ese” y también algún “la virgen que ligero va ese”, y también alguna que otra mirada de incredulidad de algún niño y /o persona mayor. Volviendo al tema que nos concierne, que me probé, y estaba todo ok. Esto fue el viernes. El sábado me dediqué a pasear y a sacar los perros, que tengo dos. Uno se llama Simba y otro se llama Rufo. Preciosos los dos.
Y… llega el puto domingo. Mejor dicho, llega mi hermana a las 5:40 de la mañana y me dice, “eh, levántate”. Yo flipando. Mi cabeza se inundó de pensamientos abstractos, porque, a esas horas no me imaginaba que el pueblo estuviese montado, ni las carreteras, ni nada. Pero me equivocaba. Después de pelearme con sábanas, pijama, almohada, mantas… Me dispongo a salir de la cama, desayuno, que si mal no recuerdo, fueron un par de magdalenas, y un vaso de leche con un par de cucharadas de Cola Cao pirata. Y partimos.
Definitivamente era noche cerrada. Arrancamos y tenemos algo así como una hora y pico de viaje, que se me hizo corto, porque los paisajes eran espectaculares: Unos picos, unos desniveles… pufff, impresionante. Pasamos por Riópar, y me viene a la cabeza una imagen del futuro: mi yo allí dentro de un mes ante lo que será el desafío mas duro de mi vida hasta ese día: mi primer ultra. Pero no tocaba eso, tocaba disfrutar y aprender en otra carrera.
Llegamos a Elche de la Sierra. Eran las 8 de la mañana, y ya había un ambientazo. Me encuentro con bastante gente, y me sorprendió gratamente la presencia de tantísimas mujeres. Según la organización, fue mitad y mitad la presencia. Espero que nadie malinterprete mis palabras, me sorprendió para bien, obviamente, y ojalá que todas las carreras fueran así. Por algún motivo que desconozco las mujeres no suelen animar tanto a este tipo de eventos, pero bueno, esperemos que la cosa cambie con el paso del tiempo, y esto del running se vaya afianzando en los ámbitos populares, ya que a esto se puede animar todo el mundo, no hace falta ser una Pedroche de la vida. Los que van normalmente a carreras saben de lo que hablo, donde la presencia femenina ronda un 10-20 % y es bastante deprimente.

Lo que iba diciendo, lo de siempre: cojo el dorsal, me cambio, caliento, estiro, parada en boxes, sigo estirando y a la línea de meta. Vi a un antiguo compañero de carreras, con quien compartí unos kilómetros en el trail de Bienservida, Ángel, del club El pinar de Villarobledo, un tío cojonudo, y corre bastante (bastante bastante). Se da la salida y empieza el show. Una senda que nos hace serpentear entre acequias y huertas durante unos 2-3 kilómetros. Empezamos a subir levemente, y subimos el primer repecho. Todo jiji jaja. Y después de eso vino una bajadita cabrona, jodidamente cabrona, bueno, no tan jodidamente cabrona, cabrona a secas, donde eché en falta mas desparpajo a la hora de bajar, y donde noté mis carencias en este tipo de terrenos (iba cauto, cautísimo, como esas dos monjas que van en Peugeot 206). Luego vino una zona mas o menos buena, llana, sin sobresaltos, y después otra bajada, algo compleja para mi gusto. Primer puesto de avituallamiento, me adelanta Ángel deseándome suerte. Me dedico a beber Aquar**** (no sé si en los blogs se pueden hacer publicidad de estas cosas) para recomponerme y seguimos por una bajada algo mejor que las anteriores. Luego viene una zona de llaneo con caminos anchos, y es donde más cómodo fui, apretando un poquito (no lo puedo negar, mis orígenes son el asfalto y el llaneo). Aquí volví a pillar a Ángel, y llegamos juntos a la primera subida dura. Una subida formada por múltiples zetas (múltiples=un cojón y medio) y que parecía no acabar. Hasta que acabó. En la subida, ya estábamos en el kilómetro 10, llego al puesto de avituallamiento, misma táctica: comer dátiles y beber isotónicas, y ale, a seguir dándole a las patitas. En esta zona no me crucé con ningún bicho viviente. La gran parte de la bajada fue muy sencilla por pistas, combinándose con sendas muy fáciles.
Todo era felicidad y alegría. Hasta que llegó el río. EL RÍO. Lo hicieron muy bien. La organización fue pura astucia. Aún me faltaban unos metros para llegar al río, cuando estaba escuchando el barullo del grupo de gente animando. Y claro, uno que viene corriendo, motivado, no lo va a parar un río. ¿O sí? Llego al río, sin molestarme siquiera en ver la profundidad que tenía, y meto la primera zarpa a tumba abierta, sin cuestionarme nada. Se me juntó todo. Cuando fui a meter la segunda pierna, ya no había vuelta atrás, el hostiazo era irremediable. Me di una señora hostia, y me clavé una piedra en la rodilla, que se me juntó con la temperatura del agua, que debía rondar los -700 ºC (espero que esto no lo lea nadie de ciencias y me joda el chiste), pero bueno, estaba la gente onfire, había que hacerse el duro. Me salté el puesto de avituallamiento, iba fresco (fresquísimo, jeje) con un par de kilos de más en agua pero bien. Estamos ya en el kilómetro 15.

Empieza un sube y baja, pista, senda… hasta el kilómetro 18-19. Era muy gracioso verme todo el recorrido mirando el perfil de altimetría (que lo llevaba impreso en el dorsal) y decir “debo estar por aquí, si”, “anda mira, esta subida debe ser esta”. Pues en el kilómetro 18-19 nos esperaba el regalito. No hacía falta ser un genio, solo mirar el perfil, para ver que aquello iba a ser duro. Una subida de las de a cuatro patas. Dura. Durísima. Con tramos en los que pensé “si me despeño ahora, a mi madre no le haría ni puta gracia” así que no me despeñé y seguí.
Y termino de subir y pienso que me queda lo bueno, la bajada. JEJEJEJEJE. Que risa. Me acabé conformando con acabar esa bajada entero, tras varios resbalones y un par de sustillos. Muy dura. Pero repetiría. Después de la bajada, repetíamos el serpenteo entre acequias y huertas, hasta llegar al pueblo.
¿Balance de la carrera? 10/10. No tiene nada criticable, a pesar de escuchar algún que otro corredor diciendo “esto era popular, no me ha gustado nada” y llegase pidiendo oxígeno a la meta (lo cual me parecía irónico). El circuito me pareció impresionante, combinando terrenos muy técnicos en la parte final con sendas muy “corribles” y pistas en muy buen estado. La organización espectacular, con una buena comida postcarrera (me da apuro escribir esto así, pero es que no sé plasmarlo de otra forma) y la gente del pueblo volcadísima, con muchísima animación en los puntos clave, y muchísimos chavales animando, lo cual es alentador. Repetiría sin dudarlo, claramente.

Solo me queda escribir unas palabrejas en agradecimiento a mi hermana. Sin ella nada de esto sería posible. Ni correr, ni crónicas, ni pollas en vinagre. Muchas gracias.

Y aquí acaba esta crónica. Me he explayado un poco, pero espero que os guste y os echéis unas risas y seguir agradeciendo vuestras lecturas.

Aquí os adjunto unas fotillos del día.

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Esto lo cruzo yo en 3 zancás.

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Bueno, igual me hace falta alguna brazada también…

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Pues no está tan fría eh…

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Le he echado la foto al revés porque quería que se viese el perfil de altimetría, que fue mi lazarillo durante gran parte de la carrera.

Trail improvisado. II Trail Bienservida

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Quería hacer una especie de crónica de la carrera que corrí el otro día, el 15/02/2015. Y diréis, “pero pedazo de gilipollas, ¿No lo podías haber hecho el día de después en lugar de hacerlo 2 semanas y pico después? “ Pues sí, lleváis razón los que penséis así, pero bueno, soy así de listo, y son muchos años ya, como para enderezar el árbol ahora…
Vamos a meternos en materia y vamos a ir paso por paso contando los acontecimientos. Primero, voy a hablar de la inscripción, la cual realicé de chiripa. Lo típico, sales de clase un jueves, y te vas a la biblioteca, donde hay un internet estable (digo esto porque donde yo vivo el internet funciona como un perfil de altimetría de una carrera por montaña, es decir, como le sale de los cojones) y vas a ponerte a estudiar. Pero te pones a mirar carreras de montaña, y te lías. Y das con una carrera en Bienservida. Ese mismo fin de semana. A 35 km de mi pueblo. Se me pusieron los ojos como a Nobita cuando Doraemon se sacaba los inventos esos de mierda del bolsillo/sistema digestivo que tenía. Estaba emocionado, hacía mucho que quería hacer una de estas. Total, que me pongo a mirar, y el plazo de inscripción estaba cerrado. Me pongo en contacto con la organización pensando “voy a llorarles a ver si me inscriben en B”, al final me dicen que habían ampliado el plazo, y que acababa ese mismo jueves. Pues solucionado. Inscrito.
Llega el domingo, día de carrera, no hacía frío, pero hacía un día de mierda. Pero que cojones, había que correr, y para correr nunca hace mal día. Salvo que hubiese 70 cm de nieve, y hubiese una pandilla de tiranosaurus rex jugueteando por el monte, pero que tampoco sería un gran problema, con llevar un palo y ganas, solucionado. Volviendo al hilo, voy, me cambio, me pongo a estirar, lo que se suele hacer, vamos.
Y ahora vamos a hablar del recorrido. Espectacular. A todos los niveles. Gran error no mirar mas detenidamente el perfil de altimetría, pero fue espectacular. Empezamos a salir del pueblo, y empieza una cuestecilla, saliendo del pueblo. Todo jiji jaja. Al trote suave, todo iba bien. Hasta que me percaté que la subida no paraba. No había trote que valiese. No llevaba ni dos kilómetros, y ya estaba pensando “esto no lo acabo yo ni montado en un tractor pala”. Parecía como si cuatrocientos yorkshires (de esos que llevan un kiki en la cabeza, y que solo sirven para ladrar y para peinarlos y ponerles modelitos, porque cuando te compras el perro, viene con un armario de accesorios…) me estuvieran mordisqueando los tobillos y los gemelos. No podía ni andar, y me estaba viendo jodidamente jodido, aquello era superior a mis fuerzas, ni andando se me calmaba la sensación… Después de 5 kilómetros subiendo, por fin, dejamos de subir. Subida bonita e impresionante donde las haya, incluso con zonas donde había nieve, y donde nos caía el agua de las agujas de los pinos cuando el viento los agitaba.

Una sensación impresionante. Entonces la situación cambió drásticamente. Pasé de pasarlo jodidamente mal, a disfrutar, el paisaje era espectacular, sendas pedregosas entre árboles, niebla, las piernas empezaban a funcionar… . Empezamos a bajar, hasta el kilómetro diez, mas o menos, donde estaba el segundo avituallamiento. Daban ganas de quedarse, nosotros, los corredores, muriéndonos, y en el avituallamiento un par de toldos cortando el viento, y una pequeña hoguera, con su respectiva parrilla de no recuerdo que carne, preparándose para ser devorada. Y yo comiendo dátiles y bebiendo Aquari*s como si me fuese la vida en ello (lo escribo así por si me demandan por publicidad indebida, que nunca se sabe) . La vida es dura, pero bueno, nuestro trabajo allí era otro. Después de unos segundos, o incluso un par de minutos, reemprendo la marcha. Ahora tocaba llano un par de kilómetros, y luego una subida corta. Tan dura como espectacular. El agua corría por todos sitios, había un pequeño salto, y daban ganas de quedarse allí. Si no fuese porque iba como una sopa, y hacía un frío del copón. “Mejor otro día vengo y admiro el paisaje mas tranquilamente”, me dije. Se acaba la subida, y me acoplo con un chaval de un pueblo de Albacete y que creo que era tocayo mío. De Cenizate, si mal no recuerdo. Se sabía bastante bien el camino, y me ayudó bastante indicándome y dándome consejos. Llegamos al punto mas alto, y ahora tocaba lo bueno: bajar hasta el pueblo. Unos 7 kilómetros de bajada aproximadamente. Con barro, pisando charcos, manchándome (que esto es lo mejor, ¿quién te va a culpar por mancharte en un trail con barro?)disfrutando cada zancada…

“Ya podía haber empezado la carrera cuesta abajo, me cago en diez” es lo que pensé. Llegué a meta un poco antes que mi compañero de penurias en los últimos ocho o nueve kilómetros, por ansia viva y hacer el último kilómetro a tope ( y pudiendo abrirme la cabeza, todo sea dicho).

El resumen. Carrera espectacular, no solo por mis sensaciones (que haciendo balance fueron buenísimas) sino por el circuito, muy bien balizado, el ambientazo que había (no olvidemos que Bienservida tiene 800 habitantes, y había 400 participantes entre la carrera popular y la carrera trail), el sufrimiento de la carrera, los avituallamientos, la niebla… Lo de la niebla parece una gilipollez, pero en tu cabeza le pones una banda sonora de Hans Zimmer, y ya aquello es mas épico que los entrenamientos de Rocky

Balboa.
Para finalizar dos cosas: primero, darle la enhorabuena a Bienservida por las cosas bien hechas, y en segundo lugar, animar a todo aquél que tenga en mente probar con un trail, porque si os gusta correr, esto va mas allá.

Aquí os dejo el perfil y una foto que me gustó mucho (no porque salga yo, sino por la situación):

altimetria bienservida

Perfil de altimetría II Trail Bienservida

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Crónica de un hostiazo en mitad del monte

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Después de unos días sin escribir nada, vuelvo con otra gilipollez de las mías.

Sí, el título lo dice todo. Mas o menos lo deja claro. La semana pasada iba entrenando alegremente (como se nos llena la boca a los runners con la palabra “entrenar”, que parece que hacemos un entrenamiento super duro, tirando de trenes, y haciendo circuitos de obstáculos gigantes, pero no, yo me refería a una salida normal, a salir a hacer unos kilómetros), y la verdad es que no tenía muchas ganas, sabía que tenía que hacer esa salida aunque estaba un poco apagado, aunque la climatología era perfecta, una temperatura que rondaba los “se está cojonudamente, se puede correr en manga corta” , pero aquel día no era mi día.

Pues pasan los kilómetros, tropiezo con una piedra, que a saber que coño pintaba en medio de mi trayectoria, y me pego la hostia padre. Todo ocurriendo a la velocidad del rayo, y cuando te quieres dar cuenta estás tirado ya, abrazando una piedra o un cardo, dependiendo de la azarosidad del destino. A priori no parecía nada serio hasta que me miré la mano. Me había destrozado la piel de la palma de la mano, me clavé una piedra en el tobillo izquierdo y otra piedra en la rodilla derecha, que quedaron en golpes menores, pero lo reseñable fue la herida en la palma de la mano. Al principio, tenía esa sensación cuando te caes, que dices, “esto grabado desde fuera, y en una pantalla, tiene que haber quedado como una escena de Bruce Willis en Jungla de Cristal 7, o 12, o por la que vayan, porque me he hecho bicarbonato”. La reacción fue curiosa. Lo típico cuando te caes en mitad de ninguna parte, te levantas, y empiezas a cagarte en Dios y en la Corte Celestial, esperando que eso te ayude a recomponerte, o que venga una paloma con un ungüento milagroso y te deje nuevo. Pero, no, no pasó nada de eso.

Y aquí el punto de inflexión de la tirada: llevaba 6-7 km, me dolía la mano una barbaridad, lo normal para acabar de hacerme una herida. Y empiezo a pensar “¿Me vuelvo? Si es que me cago en mi puta vida, mira como llevo la mano” “va, voy a volverme”. Avanzo algo así como unos 10 metros, y el dolor desaparecía, lo normal cuando pasa un minuto, y dije “que cojones, si esto no es ná, palante, a mi no me para una piedra, me cago en el copetín dorao”. Y me di la vuelta y seguí. La tirada no había hecho mas que empezar, así que retomé la senda y seguí haciendo kilómetros.

La verdad es que esto no tiene ningún mérito, ni nada de especial, aunque lo pinte heroico, eso es mas de acabar la UTMB, o la Transvulcania, o Cavals del Vent, pero en mi caso fue una tremenda gilipollez. Pero a partir de ese momento, esa hostia, esa caída, ese tropiezo, la rabia del momento, te das cuenta que eso te sirve como combustible para seguir, para levantarte y seguir tirando, para decir, “que no hombre, que no me voy a dar la vuelta, que voy a seguir, porque este era el plan inicial y no lo voy a cambiar ahora, además si me vuelvo ahora me voy a tener que poner a estudiar, y eso va a ser mas duro todavía” (Mamá, si lees esto es coña, es por hacer un chiste fácil, que a mí no me cuesta ningún trabajo ponerme a estudiar, jeje).

Sacarle el lado bueno a estas cosas es muy fácil. Te queda el recuerdo de la herida, las fotos de postureo que subes a las redes sociales, y al final todo queda en un jiji jaja. Esa noche, aquello no se cerraba ni de coña, así que fui al médico, y aquí mas cachondeo. Me vio una médica, que llamó a otro médico, que hablaban de pincharme no se qué (aquello ya no tenía ni puta gracia), preguntas incómodas por parte de la médica, del tipo “¿Cuántos años tienes?, ¿Pasan animales por donde te caíste?, ¿Cómo te llamas?”. Realmente las preguntas iban encaminadas sobre el tema de la vacuna antitetánica, pero a mi me parecía gracioso. Al final nada, me echan una crema, me tapan la herida, y me ponen todas las vendas habidas y por haber porque la médica no se fiaba de mi, no me veía capaz de no mojar la zona, y yo pensando “pero si yo he estado meses sin ducharme, esquivar el agua no es un problema, señora”. Total, que después de 2 pasos mas por enfermería, y una semana después la medicina ha hecho un trabajo milagroso, ya está la herida mas o menos cerrada. Lo normal para una herida, vamos.

Una vez mas, agradecer a aquellos que malgastan su tiempo leyendo estas historias y que espero que disfruten durante unos minutos y que sean capaces de echarse unas risas.

Limitaciones.

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Este artículo (no sé si está bien llamar artículo a esto, porque siempre me lío con los párrafos y no sé donde acabar uno y donde empezar el otro, y lo hago un poco al azar) va a tratar un poco sobre lo que vienen siendo las limitaciones que se nos anteponen antes de que nosotros mismos choquemos contra ellas. Son una especie de muros que aparecen en el camino, pero lo curioso es que no los vemos, simplemente nos fiamos de algo que nos hace indicar que ese muro u obstáculo está ahí. Esto se puede aplicar a todos los ámbitos de la vida.

Siempre en algún momento de nuestra vida, hemos escuchado esa frase que nos tiraba por tierra todo lo que nuestra cabeza empezaba a construir. Esa frase a veces hace acto de presencia de varias formas, que pueden ser “a ti se te va la puta cabeza”, “pero donde vas, flipao”, “jajajaja, si o que”, “ni de coña”.
Me gustaría llevar estas frases al ámbito que más domino, las limitaciones físicas, y las veces que he oído “no vas a terminar” o alguna de las ya citadas anteriormente.

Es un tópico, lo sé. Ya hay muchos motivadores en youtube y demás redes sociales, pero me apetecía soltar mi opinión al respecto aquí, en estos párrafos. No escuchéis ninguna de estas frases, vengan de donde vengan. Nadie, nadie, nadie, nadie, (y cuando digo nadie, hago referencia a que no existe ninguna persona, es decir, nadie) está capacitado para decir donde está tu techo. Si quieres que existan topes en tu vida, póntelos tú mismo, pero no dejes que nadie los ponga por ti, ya que nadie sabe realmente como funciona vuestra propia cabeza, y mucho menos de lo que son capaces de hacer vuestra cabeza y vuestro cuerpo trabajando juntos.

Se dan casos una y otra vez de gente que rompe barreras, gente que no ve sus limitaciones, gente que nunca ha escuchado esos “no puedes”, gente que sabe que esas limitaciones vienen impuestas por el exterior. Solo el “que no puede” sabe lo que ha trabajado, sabe lo que ha sudado, sabe lo ha sufrido, sabe lo que ha entrenado, como para que venga un gilipollas a decirte “no vas a acabar una media maratón, 21 km son muchos” cuando a lo mejor llevas meses corriendo como un cabrón, haciendo kilómetros, poniendo un pie delante del otro durante horas, sufriendo muchísimo, porque “el que no puede” sabe que puede.
Hay una frase que personalmente me encanta, y que no me canso de repetírsela a los que dudan mínimamente de ellos mismos: “el último en una carrera siempre tendrá detrás a todos aquellos que nunca se atrevieron a intentarlo”. Y es así. También hay otra que dice “está triste la perra cuando el perro le falta, pero mas triste está el perro cuando la perra es mas alta”, pero eso no es una limitación, es una putada.
Así que nada, no dejéis que nadie descubra vuestras barreras y límites, porque es una tarea intrínseca a nuestra condición humana. La única forma de toparse con esas barreras y limitaciones es chocando frontalmente contra ellas, y una vez las conocemos, trabajar en vencerlas, en humillarlas, en obligarlas a formar parte de nuestro pasado, porque a fin de cuentas, es lo que somos, el resultado de las limitaciones que nos hemos pasado por la piedra, somos la suma de todos esos esfuerzos que otros infravaloraron.

Así que ya sabéis, no escuchéis a vuestra madre cuando os diga que 10 kilómetros son muchos, pero tampoco escuchéis a Kilian Jornet diciéndoos cuan dura es una prueba, porque ninguno de los dos sabrá jamás de lo que sois capaces.

P.D: Que nadie malinterprete el ejemplo de Kilian Jornet, y que nadie crea que superarlo sería fácil, porque Jornet es mucha tela, es un simple ejemplo. Además a Kilian Jornet le da absolutamente igual lo que hagáis. A vuestra madre le da menos igual, pero aún así uno conoce con mayor exactitud sus limitaciones que su propia madre.

¿No se le pueden poner puertas al campo?

Pues aquí estoy con mi tercer texto/artículo//idea. Esta vez no voy a hablar de ninguna experiencia propia ni ninguna carrera. Quiero hablar de un problema que como runner/trailrunner/ciudadano me concierne. Y en ciudadano es donde me quiero meter. Ya no es una cosa que afecte solo a flipados de esto de correr por el monte, sino que va un paso mas allá, y es lo preocupante.

Como bien habréis averiguado por el titulo los mas avispados me estoy refiriendo a la problemática de ponerle puertas al campo. Ese vicio que estamos viendo y viviendo de la mano de algunos políticos y mandamases, que ponen nuestro bien mas preciado, el campo, el aire que respiramos, la libertad para poder campar por donde nos dé la gana, al servicio del billete. Cierres de caminos, vallados de fincas bestiales que se comen el monte literalmente, dejándote solo el camino para poder transitar.

Y el problema son las noticias que no paran de llegarnos. Multas astronómicas por molestar cazadores. Sanciones por meterse en caminos. Trampas (mortales en algunos casos) a ciclistas por “espantar los animales de la finca”. Creo que hay un fallo en el concepto de disfrutar el campo enorme. No somos terroristas, no le hacemos mal a nadie, ni siquiera estamos pidiendo unas instalaciones deportivas acojonantes, no estamos pidiendo lo elemental. Estamos pidiendo algo que ya existía antes que las leyes, antes que la pólvora, antes que la pólvora, antes que las vallas, antes que las fincas, antes que la caza, incluso, antes que el propio hombre: nuestros montes, nuestros campos, nuestro hábitat.

Es inevitable para algunos concebir la vida sin esos momentos en los que nos sentamos en una piedra, y nos quedamos mirando un árbol, o un pájaro, una planta, un charco, un arroyo, o el cielo, y nos ponemos a pensar en nuestras gilipolleces. Sin ese momento de satisfacción cuando vas paseando al perro, o vas corriendo, o empieza a chispear y aparece de la nada ese olor a tierra húmeda. Esos momentos son y deberían ser de disfrute obligatorio para todos y cada uno de nosotros. De ahí el título de este texto, ¿No se le pueden poner puertas al campo? La respuesta es clara, podrán poner puertas, mosquiteras en las ventanas, y aún así las moscas cojoneras se seguirán colando. Nos seguiremos colando. Por muchas multas de 200.000 euros que nos quieran poner por pasar por zonas donde los mas pudientes del país pegan tiros alegremente a criaturas que no tienen culpa, esas moscas, nosotros, seguiremos intentando atravesar esas mosquiteras.

Mis primeros pasos

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Hoy voy a intentar explicar que hice exactamente para picarme en esto de correr. Digo “voy a intentar” porque tengo una serie de detractores (y excavadoras jeje) que dicen que me expreso (como el café jeje) de puta pena. Pero yo soy un tío fuerte y puedo con todo eso, me lo ha dicho mi abuela y mi madre.

Ahora yendo a lo serio y dejando a un lado las gilipolleces, vamos a meternos en materia. Todo empezó un día que dije “se me antoja que tengo poco fondo, y claro, luego me hecho pachangas de fútbol sala con los colegas, y no puedo hacer un Cristiando Ronaldo porque me fundo, así que, voy a empezar a salir a correr”. Salgo un día, con zapatillas de fútbol, y me di cuenta de que no era el calzado adecuado, por lo menos para correr. Para destrozarte los pies es óptimo, pero para correr no tiene futuro.

Así que digo, “voy a acercarme a una gran superficie dedicada a los deportes, y voy a echar un ojo en eso de las zapatillas de runneres, a ver como esta el tema”. Total, me compré una cosa asequible, eran bonitas, molaban, para pisar caminos valían. Después de esto creo recordar que salía entorno a dos veces por semana.

Y empezaron los “problemas”. Empiezo a medir distancias y tiempos. Ya era obvio que estaba en la mierda, metidísimo, pero el culmen fue el día que vi un cartel sobre la inscripción para la media maratón. Me pongo a pensar, a ver cuantos kilómetros eran, a ver si era capaz o no… Total, que a los dos días, estaba inscrito. Faltaban 3 semanas o así, y lo máximo que había corrido en mi vida era algo así como 14-15 km, y esto eran 21. Bueno, para ser exactos, 21097 metros. Muchos. A metro por paso, o algo menos, salen un huevo y medio de pasos.

Como apunte gracioso, recuerdo que llamé al número de teléfono de la organización para preguntar que qué requisitos había que cumplir para que te consideraran local, por si me caía un premio. Casi ná.

Total, que me voy preparando, sin hacer ni pu*o caso a guías y planes de entrenamiento, todo muy en mi línea. Así que nada, empiezo a leerme la normativa, y leí algo de control antidoping, me salté la parte de como me tenía que poner el dorsal y un montón de cosas mas que ponía (como por ejemplo que me echaban si no llevaba el dorsal visible, o si hacía trampas y tal) y seguí con la vida.

Hasta que llegó el día D, o MM (de media maratón) o A (de apocalipsis) o AAL (amos al lío) o como el sujeto en cuestión quiera llamarlo. Me presento allí, con el dorsal recogido el día de antes. Estaba algo nervioso, aunque hacía muy buen día y, aunque sea irrelevante, te sube algo la moral. Le pregunto a un hombre que estaba poniéndose el dorsal, y le pregunto por “el control antidoping”. El tío me dice que era nuevo y que no tenía ni idea. Con el tiempo me he dado cuenta que no me van a hacer un control antidoping en la vida, a no ser que gane algo. Cuando estoy allí estirando y calentando, me doy cuenta de que llevaba el dorsal al revés (lo llevaba delante, y justamente para esta carrera, los de la media maratón teníamos que llevarlo detrás, para distinguirnos).

Aquello fue la menor de las curiosidades que pasaban por mi cabeza. Empiezo a ver gente supermegaultrahiper preparada, por lo menos en equipamiento: GPS, prendas compresivas, ropa ultrasupermegahiper técnica, geles, riñoneras con geles, gafas de sol… y yo allí con los pantalones del equipo de fútbol de mi pueblo, y la camiseta (tailandesa) del Manchester United, a la altura de las circunstancias.

Se empieza a hablar por megafonía que se va a lanzar la salida, y yo venía de dejar la ropa en el ropero, así que en lugar de meterme en la cola del pelotón, me metí delante, en segunda fila, con dos coj*nes y un palito. Delante de mí había una fila entera de keniatas, etíopes, marroquíes… africanos en general. Con el tiempo he descubierto que, en carreras pequeñas, donde la salida no va por cajones, uno se coloca en función del tiempo que prevea hacer, y yo aquel día, no preveía ganar…

Se da la salida. Que empiece la fiesta. Como era previsible, no volví a ver a los africanos,  (y no los dejé atrás jeje). A los pocos kilómetros me fui rezagando hasta mi posición real, y a partir de ahí a marcarse un ritmo estable, para llegar, para no morir por el camino. Y sin reloj. No sabía lo que estaba haciendo, solo sé que llevaba un ritmo cómodo y tenía que llegar. Pasaban los kilómetros, y, todo iba bastante bien. Sin sobresaltos, sin sufrimientos. Los últimos kilómetros algo duros, pero dentro de lo normal.

Y… llegué. Había terminado. Y aquello me gustó, me gustó tanto que mi cabeza empezó a funcionar para plantearse nuevos retos, nuevas distancias… Nuevas situaciones límite. Un año después me atreví con la inscripción a la maratón completa, que es exactamente igual a dos medias maratones (que casualidades de la vida), pero bueno, de eso se hablará mas adelante.

Si has leído esto, y te da absolutamente igual lo de correr, lo siento, a ver si un día de estos soy capaz de escribir algo sobre otro tema.

Un saludo y espero que sos(como diría mi abuela) haya gustado el articulete.