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Hoy voy a intentar explicar que hice exactamente para picarme en esto de correr. Digo “voy a intentar” porque tengo una serie de detractores (y excavadoras jeje) que dicen que me expreso (como el café jeje) de puta pena. Pero yo soy un tío fuerte y puedo con todo eso, me lo ha dicho mi abuela y mi madre.

Ahora yendo a lo serio y dejando a un lado las gilipolleces, vamos a meternos en materia. Todo empezó un día que dije “se me antoja que tengo poco fondo, y claro, luego me hecho pachangas de fútbol sala con los colegas, y no puedo hacer un Cristiando Ronaldo porque me fundo, así que, voy a empezar a salir a correr”. Salgo un día, con zapatillas de fútbol, y me di cuenta de que no era el calzado adecuado, por lo menos para correr. Para destrozarte los pies es óptimo, pero para correr no tiene futuro.

Así que digo, “voy a acercarme a una gran superficie dedicada a los deportes, y voy a echar un ojo en eso de las zapatillas de runneres, a ver como esta el tema”. Total, me compré una cosa asequible, eran bonitas, molaban, para pisar caminos valían. Después de esto creo recordar que salía entorno a dos veces por semana.

Y empezaron los “problemas”. Empiezo a medir distancias y tiempos. Ya era obvio que estaba en la mierda, metidísimo, pero el culmen fue el día que vi un cartel sobre la inscripción para la media maratón. Me pongo a pensar, a ver cuantos kilómetros eran, a ver si era capaz o no… Total, que a los dos días, estaba inscrito. Faltaban 3 semanas o así, y lo máximo que había corrido en mi vida era algo así como 14-15 km, y esto eran 21. Bueno, para ser exactos, 21097 metros. Muchos. A metro por paso, o algo menos, salen un huevo y medio de pasos.

Como apunte gracioso, recuerdo que llamé al número de teléfono de la organización para preguntar que qué requisitos había que cumplir para que te consideraran local, por si me caía un premio. Casi ná.

Total, que me voy preparando, sin hacer ni pu*o caso a guías y planes de entrenamiento, todo muy en mi línea. Así que nada, empiezo a leerme la normativa, y leí algo de control antidoping, me salté la parte de como me tenía que poner el dorsal y un montón de cosas mas que ponía (como por ejemplo que me echaban si no llevaba el dorsal visible, o si hacía trampas y tal) y seguí con la vida.

Hasta que llegó el día D, o MM (de media maratón) o A (de apocalipsis) o AAL (amos al lío) o como el sujeto en cuestión quiera llamarlo. Me presento allí, con el dorsal recogido el día de antes. Estaba algo nervioso, aunque hacía muy buen día y, aunque sea irrelevante, te sube algo la moral. Le pregunto a un hombre que estaba poniéndose el dorsal, y le pregunto por “el control antidoping”. El tío me dice que era nuevo y que no tenía ni idea. Con el tiempo me he dado cuenta que no me van a hacer un control antidoping en la vida, a no ser que gane algo. Cuando estoy allí estirando y calentando, me doy cuenta de que llevaba el dorsal al revés (lo llevaba delante, y justamente para esta carrera, los de la media maratón teníamos que llevarlo detrás, para distinguirnos).

Aquello fue la menor de las curiosidades que pasaban por mi cabeza. Empiezo a ver gente supermegaultrahiper preparada, por lo menos en equipamiento: GPS, prendas compresivas, ropa ultrasupermegahiper técnica, geles, riñoneras con geles, gafas de sol… y yo allí con los pantalones del equipo de fútbol de mi pueblo, y la camiseta (tailandesa) del Manchester United, a la altura de las circunstancias.

Se empieza a hablar por megafonía que se va a lanzar la salida, y yo venía de dejar la ropa en el ropero, así que en lugar de meterme en la cola del pelotón, me metí delante, en segunda fila, con dos coj*nes y un palito. Delante de mí había una fila entera de keniatas, etíopes, marroquíes… africanos en general. Con el tiempo he descubierto que, en carreras pequeñas, donde la salida no va por cajones, uno se coloca en función del tiempo que prevea hacer, y yo aquel día, no preveía ganar…

Se da la salida. Que empiece la fiesta. Como era previsible, no volví a ver a los africanos,  (y no los dejé atrás jeje). A los pocos kilómetros me fui rezagando hasta mi posición real, y a partir de ahí a marcarse un ritmo estable, para llegar, para no morir por el camino. Y sin reloj. No sabía lo que estaba haciendo, solo sé que llevaba un ritmo cómodo y tenía que llegar. Pasaban los kilómetros, y, todo iba bastante bien. Sin sobresaltos, sin sufrimientos. Los últimos kilómetros algo duros, pero dentro de lo normal.

Y… llegué. Había terminado. Y aquello me gustó, me gustó tanto que mi cabeza empezó a funcionar para plantearse nuevos retos, nuevas distancias… Nuevas situaciones límite. Un año después me atreví con la inscripción a la maratón completa, que es exactamente igual a dos medias maratones (que casualidades de la vida), pero bueno, de eso se hablará mas adelante.

Si has leído esto, y te da absolutamente igual lo de correr, lo siento, a ver si un día de estos soy capaz de escribir algo sobre otro tema.

Un saludo y espero que sos(como diría mi abuela) haya gustado el articulete.

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