Etiquetas

, , ,

Después de unos días sin escribir nada, vuelvo con otra gilipollez de las mías.

Sí, el título lo dice todo. Mas o menos lo deja claro. La semana pasada iba entrenando alegremente (como se nos llena la boca a los runners con la palabra “entrenar”, que parece que hacemos un entrenamiento super duro, tirando de trenes, y haciendo circuitos de obstáculos gigantes, pero no, yo me refería a una salida normal, a salir a hacer unos kilómetros), y la verdad es que no tenía muchas ganas, sabía que tenía que hacer esa salida aunque estaba un poco apagado, aunque la climatología era perfecta, una temperatura que rondaba los “se está cojonudamente, se puede correr en manga corta” , pero aquel día no era mi día.

Pues pasan los kilómetros, tropiezo con una piedra, que a saber que coño pintaba en medio de mi trayectoria, y me pego la hostia padre. Todo ocurriendo a la velocidad del rayo, y cuando te quieres dar cuenta estás tirado ya, abrazando una piedra o un cardo, dependiendo de la azarosidad del destino. A priori no parecía nada serio hasta que me miré la mano. Me había destrozado la piel de la palma de la mano, me clavé una piedra en el tobillo izquierdo y otra piedra en la rodilla derecha, que quedaron en golpes menores, pero lo reseñable fue la herida en la palma de la mano. Al principio, tenía esa sensación cuando te caes, que dices, “esto grabado desde fuera, y en una pantalla, tiene que haber quedado como una escena de Bruce Willis en Jungla de Cristal 7, o 12, o por la que vayan, porque me he hecho bicarbonato”. La reacción fue curiosa. Lo típico cuando te caes en mitad de ninguna parte, te levantas, y empiezas a cagarte en Dios y en la Corte Celestial, esperando que eso te ayude a recomponerte, o que venga una paloma con un ungüento milagroso y te deje nuevo. Pero, no, no pasó nada de eso.

Y aquí el punto de inflexión de la tirada: llevaba 6-7 km, me dolía la mano una barbaridad, lo normal para acabar de hacerme una herida. Y empiezo a pensar “¿Me vuelvo? Si es que me cago en mi puta vida, mira como llevo la mano” “va, voy a volverme”. Avanzo algo así como unos 10 metros, y el dolor desaparecía, lo normal cuando pasa un minuto, y dije “que cojones, si esto no es ná, palante, a mi no me para una piedra, me cago en el copetín dorao”. Y me di la vuelta y seguí. La tirada no había hecho mas que empezar, así que retomé la senda y seguí haciendo kilómetros.

La verdad es que esto no tiene ningún mérito, ni nada de especial, aunque lo pinte heroico, eso es mas de acabar la UTMB, o la Transvulcania, o Cavals del Vent, pero en mi caso fue una tremenda gilipollez. Pero a partir de ese momento, esa hostia, esa caída, ese tropiezo, la rabia del momento, te das cuenta que eso te sirve como combustible para seguir, para levantarte y seguir tirando, para decir, “que no hombre, que no me voy a dar la vuelta, que voy a seguir, porque este era el plan inicial y no lo voy a cambiar ahora, además si me vuelvo ahora me voy a tener que poner a estudiar, y eso va a ser mas duro todavía” (Mamá, si lees esto es coña, es por hacer un chiste fácil, que a mí no me cuesta ningún trabajo ponerme a estudiar, jeje).

Sacarle el lado bueno a estas cosas es muy fácil. Te queda el recuerdo de la herida, las fotos de postureo que subes a las redes sociales, y al final todo queda en un jiji jaja. Esa noche, aquello no se cerraba ni de coña, así que fui al médico, y aquí mas cachondeo. Me vio una médica, que llamó a otro médico, que hablaban de pincharme no se qué (aquello ya no tenía ni puta gracia), preguntas incómodas por parte de la médica, del tipo “¿Cuántos años tienes?, ¿Pasan animales por donde te caíste?, ¿Cómo te llamas?”. Realmente las preguntas iban encaminadas sobre el tema de la vacuna antitetánica, pero a mi me parecía gracioso. Al final nada, me echan una crema, me tapan la herida, y me ponen todas las vendas habidas y por haber porque la médica no se fiaba de mi, no me veía capaz de no mojar la zona, y yo pensando “pero si yo he estado meses sin ducharme, esquivar el agua no es un problema, señora”. Total, que después de 2 pasos mas por enfermería, y una semana después la medicina ha hecho un trabajo milagroso, ya está la herida mas o menos cerrada. Lo normal para una herida, vamos.

Una vez mas, agradecer a aquellos que malgastan su tiempo leyendo estas historias y que espero que disfruten durante unos minutos y que sean capaces de echarse unas risas.

Anuncios