Hoy si toca, la entrada de mi primer ultratrail, o ultra maratón, o ultra maratón de montaña, es que no sé cual es el nombre técnico realmente, así que cualquiera de los anteriores supongo que es válido.  Así que vamos a meternos en materia.

Esta carrera no me acuerdo muy bien cuando le eché el ojo, (creo que por otoño de 2014 mas o menos) pero se lo tenía echado, así que cuando se abrieron las inscripciones no me lo pensé dos veces. Se abrieron 3 distancias: 25 km, 45 km y 65 km. Los 25 no me llamaban, porque ya había hecho cosas parecidas. El dilema estaba entre los 65 y los 45, aunque la duda me duró poco. Me vino a la cabeza eso de o fo**amos todos o la prostituta al río, que venía siendo, o hago la larga y me muero allí, o no hago nada. Aplicando esta sabia filosofía fui a por la de 65 kilómetros. Pensaba que se iban a acabar pronto, así que me inscribí en plan ansia, a los 20 minutos de la apertura (esto eran las 8:30 de la mañana el 12 de Enero, mas o menos).

La inscripción tuvo cachondeo. Estoy en la cama, empiezo a hacer la inscripción desde el móvil, y a la hora de pagar con la tarjeta, me mandan un sms con código de confirmación. Pues, unos días antes, estuve trasteando con el móvil, y claro, los sms no los usa nadie. Pues hasta que no me llegó este sms, no me di cuenta que la aplicación de Mensajes no se abría. Bien Juanma, ole tus cojones.  Me bajo una aplicación que hacía algo parecido, y se soluciona el problema. A fin de cuentas, todas estas prisas no valieron para nada, porque las inscripciones duraron algo así como un mes, mas o menos.

Tras unos meses de preparación a mi manera, combinando bici esporádicamente, piscina , salidas casi nocturnas porque se me hacía de noche siempre y con Marzo flojísimo, con un par de amagos de lesión, llega Semana Santa. Dos salidas, una playera, y otra fotográfica por Serra Gelada (o Sierra Helada) cerraban el entrenamiento. Todo este tema de la preparación luego lo extenderé mas en otro artículo, para el que tenga curiosidad en como lo hice, pero vamos, el principal lastre para completar una prueba así es el apartado mental.

Llega el fin de semana de la carrera, 10 de Abril. Fin de semana de relax, de hibernación y de escuchar consejos de gente entendida en esto. El principal consejo que seguí fue el de mi abuelo adoptivo tráiler Quique, que seguro que leerá esto. Me dijo “llena los depósitos con todo lo que tengas, con todo lo que te encuentres”. Y le hice caso. Solo comía y dormía. De todas formas era esa noche, la madrugada del viernes al sábado la única noche que iba a dormir. Esa noche dormí entorno a unas 10 horas, y el sábado la correspondiente siesta del oso de unas 2 horas más. Y cuando me di cuenta, estaba de preparativos. ¿Qué me llevo? ¿Qué necesito? ¿Qué me hace falta? Tenía un listado de material obligatorio, y mas o menos estaba echando cuentas, a ver que iba a llevar. Prácticamente era ya la una de la mañana, y la salida era a las 5. Desde mi pueblo a Riópar había entorno a unos 40-50 minutos, así que adivinad lo que dormí.

De camino ya, ya estaba en el coche con todo lo que me hacía falta, menos el reloj. Me dejé el puto reloj. Pero bueno, era prescindible. Iba en el coche, de coñas, cachondeo, con mi cuñado y mi hermana. Mi cuñado, el cabr*n no paraba de decirme “A ver que necesidad tienes de penar de esta forma”, yo me lo tomaba a cachondeo pero llevaba razón. Pero alguna parte de mi cabeza me decía (y me dice que necesito esto) que tenía que hacer esto, y como fuese.

Llegamos allí a las 4:30 de la mañana, sin sueño,  porque claro, ¿Cómo iba a tener sueño? Iba a empezar uno de los retos mas duros de mi vida, y si lo afrontas con sueño, no te vas a enterar muy bien de lo que estás haciendo.  Me coloco en la salida, y paso el “control” de material que consistió en una pregunta “¿Llevas la comida marcada con tu número de dorsal?”, palante. Ya estamos en la salida, 5 de la mañana, noche pero del tó.

Y aquí empieza la aventura. En la salida me sorprendió un montón ver de lo que son capaces los focos frontales caros. A mí me daba hasta vergüenza llevar el mío encendido, uno del Decathlon de 12 euros, porque los otros frontales alumbraban algo así como 70 veces mas que el mío y casi ni me hacía falta llevar el mío encendido.  Es una sensación muy extraña correr en noche cerrada porque no tienes ni idea de hacia donde vas, ni al lado de qué pasas (perfectamente puedes ir por una senda al lado de un precipicio de 7000 metros y tan tranquilo) pero bueno, te limitabas a seguir al grupo, y ya está. Después de una subida dura pero cómoda y una bajada muy corrible, sin grandes complicaciones, llego al primer avituallamiento con un mensaje no muy alentador de uno de los que estaba en el puesto. Alguien preguntó que como íbamos, que si éramos los últimos y este contestó “los últimos no pero casi”. No es que me preocupase ir último, pero viendo la gente que iba detrás de mí, no me cuadraba para nada ir de los últimos. Bueno, ignoré el dato y tiré para delante.

Entorno al kilómetro 14-15 en la zona del Puerto del Arenal, no me perdí por pura coña. Me acoplé con otro, íbamos al mismo ritmo por un camino asfaltado, y nos saltamos una senda hacia la izquierda. Venían otros por detrás y empezaron a decirnos “EHHHH QUE POR AHÍ NO ES”, y gracias, porque a saber donde hubiésemos acabado. Empieza la ascensión al Padroncillo y por fin, se empieza a abrir el día. Recuerdo un chiste que hizo uno sobre el frontal, que fue algo así como “voy a apagarlo ya para ahorrar pilas, por si se nos hace de noche otra vez”, no me preguntéis por qué pero me hizo gracia. Bueno, llegamos al Padroncillo con unas condiciones climáticas mejorables, por no decir que hacía un tiempo de mierda. Niebla (lo que conlleva agua) y aire. Al final adjuntaré una foto de mi situación en dicho punto. Subida mas o menos jodida, pero bueno, no era nada con la bajada que nos esperaba. Aquello era para cabras totalmente. Las piedras resbalaban, y había que asegurarse que cada paso era un paso seguro, o te dabas una buena hostia, y esas piedras no tenían pinta de estar blandas. La niebla nos ayudó a perdernos. Pero no a 2 ni a 3, sino a unos 40-50. Fue graciosa la situación, no encontrábamos las balizas, y allí estábamos, hasta que uno nos iluminó el camino con el track de la carrera. Una vez reubicados, seguimos bajando.

Llegada al segundo avituallamiento, campamento de San Juan, kilómetro 22. Me lo tomo con calma y como y bebo todo lo que puedo: frutas, refresco, agua, isotónica… Y empiezan las dudas. Las piernas se resienten levemente, y en la cabeza empieza a dar vueltas una pregunta “pero si estoy hecho mierda ya, y voy por el kilómetro 22, como voy a llegar al 65…” y son curiosamente, estas cosas las que te matan. Por encima de los kilómetros y los desniveles,  nosotros mismos somos lo mas nocivo, lo mas dañino para el cuerpo y la mente, y lo que nos puede hacer desplomarnos. Reemprendí la marcha apartando de mi cabeza esas palabras, y me volví a entretener en avanzar. Avanzar. Avanzar. Y esa era la clave.

Empieza la subida a la Sarga. Su pu*a madre. Eran 3 picos en 1, por así decirlo. Llegando al segundo, se veía a lo lejos el tercero, el grande, la cima. Y recuerdo perfectamente ir hablando con uno mientras bajábamos el segundo “allí no habrá que subir, ¿no? Yo creo que no eh, aquí en el perfil…” y una mierda. Había que subir. Pues nada, paciencia y a seguir subiendo. Subimos, y llegando al último pico, aquello era una auténtica pared. Preciosa, impresionante, y dura. Unas vistas impresionantes. Se llega arriba, y hay una bajada y otra subida, porque es un pico doble.  Llegando aquí, el viento era impresionante, estando a 1760 metros sobre el nivel del mar soplaba con ganas.

Y aquí fue donde se empezó a aclarar todo. En la cima estaba en el kilómetro 33. Y había una bajada muy “fácil” y muy corrible. Me paré a mirar el perfil de altimetría, y veía que ahora venía una zona muy muy favorable, con bajada por pistas, muy suave. Pasamos por una zona preciosa, con una especie de piedras gigantes, que tendrán su nombre técnico, pero a mi solo se me ocurre llamarlas “piedras gigantes”. Y después de esto llegada al avituallamiento del kilómetro 36, mas o menos. Se sigue bajando por terreno muy favorable, hasta que se empieza la subida a Riópar Viejo, con un ambientazo impresionante. Avituallamiento a reponer fuerzas. Me jodió, y tengo que decirlo, que no hubiera vasos en este puesto, porque fue una putada, pero bueno.

Esto ya era el kilómetro 47, y nos quedaba la crema, la canela, lo mejorsito: la subida a las Almenaras. El planteamiento en mi cabeza cambió radicalmente. Ya lo veía hecho, aunque me quedasen casi 20 kilómetros con casi 1000 metros de subida, pero mi cabeza lo veía bien, favorable. Empieza la subida, a buen ritmo, un pie y luego otro, pero levantaba la cabeza y aquello no parecía parar de subir. Solo se veían mas subidas, mas metros, mas desnivel. Esta vez eran, otra vez, dos minipicos y el pico alfa, LA ALMENARA. Lo pongo en mayúsculas para darle majestuosidad, y porque me costó subir la puñetera vida.

Llegando al primer pico, después de subir nosécuantos metros, me dio un amago de pájara. Un sofoco preparto y un calor anormal, así que una miniparada a tomar aire: un par de tragos de Aquarius y una barrita de cereales Hacendado fueron mi salvación. Aquí fue donde mi paciencia se empezaba a acabar. Un viento de la hostia, y un terreno jodidísimo, prácticamente para ir andando. Y avanzaba, y llegaba al siguiente pico, y miraba, y a lo lejos veía al siguiente pico, y creía que no llegaba. Por fin, llegada a la Almenara. Las vistas impresionantes y sentimiento de Simba en su bautizo. Aquello era impresionante, la pena es que no me apetecía en ese momento admirar el paisaje, a pesar de ser consciente de que aquello era impresionante, pero tenía que seguir, así que me paré a echar una foto y continué con expectativas de volver.

Y llegada al último avituallamiento. Por fín esto parecía que se acababa. En el avituallamiento nos comentaron que estábamos a 9 kilómetros. Misma táctica: comer todo lo posible y beber muchísimo. Y volvemos a arrancar. No era consciente de lo que estaba haciendo, ahora era todo bajada hasta la meta, terreno muy favorable. Después de 20-30 minutos corriendo, según mis cuentas deberían de quedar unos 4-5 kilómetros. La dura realidad era otra cuando vi a mi hermana en una senda, esperándome. La verdad es que fue una viñeta graciosísima. Yo diciéndole, “Oye Isa, cuanto queda, que llevo ya 30 minutos corriendo y yo aquí no veo el pueblo ni de coña”. La respuesta me dejó tieso, “7 kilómetros” mientras me perseguía con el móvil en la mano. Yo iba diciendo “no me jodas hombre, ¿¿7?? ¿¿EN SERIO??” y veo el cartel que lo confirmaba. Dejo a mi hermana atrás, y llego a una carretera donde estaba mi cuñado en el coche, y me pregunta “¿Qué tal?” la respuesta fue algo así como “esto no se acaba macho, que yo pensaba que estaba llegando y quedan 7 kilómetros”. El cansancio ya era lo de menos, yo quería llegar. Continuo, y veo una subida, pequeña, pero ahí estaba, y claro, no aparecía en el perfil de altimetría. Había un chaval allí animando, y echando fotos y le dije “oye, que esto no sale en el perfil” entre risas, a lo que me dijo “esto no es ná, es la tachuela, que os la han puesto aquí” e iba a contestarle pero ya se contestaba solo “pero claro, tú vas diciendo ya que bastante has subido, ¿no?”, me reí y le dije algo así como “pues ya ves, yo creo que ya está bien la broma” riéndome. Realmente cualquier pequeño repecho era criminal, era como subir una montaña, y las piernas ya estaban en las últimas. Creo que no había ninguna parte del cuerpo que no me doliese.

Y finalmente ya se veía el pueblo. Era extraño que pudiese trotar, pero era imposible entrar andando con toda esa gente andando, alentando, escuchando aplausos, gritos, “tus huevos campeón”. La verdad es que se me ponen los pelos como escarpias de recordar aquella entrada a meta. Fue impresionante, y la verdad es que en el momento no quería saber nada de volver a correr, pero unos días después tenía ganas de volver a repetir.  El tiempo fue lo de menos, casi 12 horas en las que lo principal fue avanzar y avanzar. Daba igual si era a cuatro patas en una subida imposible, a trote suave, andando, o bajando. El problema es que mi cabeza ya está planeando otro reto, algo un poquito mas largo. Ni que decir tiene, que todos y cada uno de aquellos que estaban animando en mitad de ningún sitio o en la misma meta, fueron imprescindibles. Gente en mitad del monte, o en una plaza alentando a desconocidos a terminar una locura.

Sé que es un artículo larguísimo, pero es muy difícil recoger tanto tiempo corriendo y tantas sensaciones en algo mas manejable, así que perdonad que me haya extendido tanto.

Aquí dejo unas fotos del tema.

65K

Aquí está el perfil de la carrera.

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Paso por el Padroncillo, vistas espectaculares.

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Las impresionantes vistas desde la Almenara.

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Foto echada por mi cuñado en la que se capta perfectamente la esencia del cabreo que llevaba porque no llegaba.

Llegada a meta, con un cúmulo de sensaciones.

Llegada a meta, con un cúmulo de sensaciones.

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